Nota de fuentes y alcance: Este artículo es una síntesis a partir de la nota de This is Colossal sobre Latin American Puzzle y de la información de la exposición publicada por Alexander Gray Associates (vía Frieze). Las citas entrecomilladas se atribuyen a esos materiales.
Regina Silveira explora narrativas en su arte
- Construye relatos abiertos sobre América Latina a partir de imágenes de medios masivos y archivos visuales.
- En Latin American Puzzle, organiza fragmentos como un rompecabezas que evita lecturas lineales por tiempo o geografía.
- El blanco y negro y los cortes de las piezas subrayan ausencias, pérdidas y la posibilidad de reconfigurar el relato.
- En Nueva York, To Be Continued… se presenta junto a la iteración más reciente, Continued…, como una historia en evolución.
Regina Silveira: Pionera del arte conceptual en Brasil
Regina Silveira, nacida en 1939 en Porto Alegre y radicada en São Paulo, es una figura clave del arte conceptual brasileño. A lo largo de una trayectoria de décadas, su obra ha insistido en una pregunta que atraviesa buena parte del arte contemporáneo latinoamericano: cómo se construye el sentido cuando las imágenes circulan, se reproducen y se consumen como información. En su caso, esa investigación no se limita a un soporte. Silveira ha trabajado con instalación, fotografía, video, grabado y recursos digitales, y es conocida por utilizar luz y estrategias espaciales para tensionar la relación entre percepción y realidad.
Esa atención a los mecanismos de representación —cómo se ve, qué se recorta, qué queda fuera— se vuelve especialmente relevante cuando el tema es América Latina, una región que suele ser narrada desde estereotipos persistentes. Silveira ha dedicado “la mayor parte de tres décadas” a pensar el vínculo entre medios y significado en relación con el continente, y lo hace desde una práctica que no pretende ilustrar una tesis, sino poner en escena el conflicto: imágenes que prometen explicar, pero que al mismo tiempo fragmentan; relatos que parecen completos, pero que se revelan incompletos.
Su biografía también aporta contexto a esa mirada crítica. Creció en un país marcado por la dictadura militar brasileña (1964–1985), un periodo asociado a censura, violencia e instituciones que controlaban la circulación de discursos. En ese marco, su trabajo se orientó a cuestionar sistemas de poder y a desmontar formas convencionales de representación. No es casual que, en proyectos posteriores, el énfasis recaiga en la idea de “ausencia y presencia”: lo que se muestra y lo que se oculta, lo que se imprime y lo que se borra, lo que se fija y lo que se vuelve inestable.
En el panorama internacional, su obra ha circulado por espacios de referencia —incluidas bienales como São Paulo y La Habana, y museos como el Museum of Modern Art de Nueva York—, consolidando una influencia que también se extiende a la enseñanza: Silveira ha sido educadora y ha impactado a generaciones de artistas con una aproximación experimental. En conjunto, su práctica se entiende como una investigación sostenida sobre cómo las imágenes organizan el mundo, y sobre cómo, en América Latina, esa organización suele estar atravesada por historias coloniales, disputas de poder y narrativas impuestas.
El proyecto ‘Latin American Puzzle’
Latin American Puzzle es una serie que arma narrativas visuales extensas como si fueran rompecabezas. En lugar de ofrecer una cronología o un mapa ordenado, Silveira propone un dispositivo: piezas sobredimensionadas que encajan entre sí y que, al hacerlo, obligan a mirar el continente como un conjunto de fragmentos. La serie se inicia con To Be Continued…, presentada por primera vez en 1997, y se expande con Continued… en 2025, reforzando la idea de que el relato no se cierra, sino que se prolonga.
El proyecto se sitúa en un horizonte histórico que la propia investigación sobre la serie vincula con el clima de revisión de historias coloniales y transiciones democráticas en la región, en torno a los 500 años de las primeras incursiones europeas en las Américas. En ese contexto, el rompecabezas funciona como metáfora y como método: no hay una sola imagen “definitiva” de América Latina, sino una acumulación de signos, episodios y símbolos que se superponen y se contradicen.
Silveira toma materiales visuales asociados a la cultura de masas y a la circulación mediática —fotografías, recortes de prensa, propaganda, anuncios— y los reubica en un formato que impide la lectura cómoda. Las piezas cortan rostros y escenas, dejan bordes, interrumpen gestos. El resultado no es un mural que “explica” la región, sino una superficie que la problematiza: un campo de tensiones donde conviven íconos populares, flora y fauna, mapas, artefactos históricos y, ocasionalmente, imágenes como fichas policiales.
La artista ha descrito este ensamblaje como “una colcha de retazos de carácter entrópico” (“a patchwork quilt of entropic character”). La frase es clave porque sugiere desorden productivo: la entropía no es caos sin sentido, sino un estado donde el orden total es imposible y, por lo tanto, cualquier lectura debe aceptar la complejidad. En Latin American Puzzle, esa complejidad se vuelve visible en el modo en que las imágenes se tocan sin “explicarse” entre sí, obligando al espectador a completar conexiones, detectar fricciones y reconocer que el relato de América Latina está hecho de capas.
Narrativas visuales en forma de rompecabezas
El rompecabezas, en manos de Silveira, no es un pasatiempo ni una simple metáfora de “diversidad”. Es una estructura narrativa que impone condiciones: cada imagen está contenida en una pieza que, por definición, es parcial. La pieza sugiere que hay un “todo”, pero ese todo nunca se ofrece como una totalidad transparente. En To Be Continued…, por ejemplo, la instalación reúne 100 reproducciones en blanco y negro de materiales heterogéneos —fotografías, recortes periodísticos, propaganda, anuncios—, y cada una queda “anidada” dentro de una pieza sobredimensionada. El encuadre no es neutro: el borde del rompecabezas corta, interrumpe, deja fuera.
Esa operación formal produce un efecto narrativo: la historia aparece como montaje. En lugar de una secuencia, hay un campo donde el espectador se desplaza y arma relaciones. La serie, además, se apoya en un lenguaje visual asociado a la reproducción masiva. El blanco y negro remite a archivos, prensa, documentos, y también a la estética de la circulación mediática que simplifica y fija estereotipos. Silveira toma ese lenguaje y lo devuelve como pregunta: ¿qué se vuelve “verdad” cuando una imagen se repite? ¿Qué se pierde cuando la región se reduce a clichés?
El formato de rompecabezas también introduce una dimensión física: las piezas encajan, pero podrían encajar de otra manera. La investigación sobre la exposición subraya que los bordes ranurados (“grooved edges”) parecen permitir reconfiguraciones. Esa posibilidad —aunque sea sugerida— es central para entender la narrativa: no se trata de encontrar “la” solución, sino de aceptar que el relato puede reorganizarse. En ese sentido, el rompecabezas no promete cierre; promete continuidad.
Por eso los títulos importan. To Be Continued… y Continued… terminan en puntos suspensivos, un signo que en literatura y en conversación indica que algo queda pendiente. Aquí, los puntos suspensivos funcionan como declaración de método: la historia de América Latina, atravesada por colonialidad, intervenciones externas y transformaciones internas, no puede clausurarse en una imagen final.
Juxtaposiciones y su significado
Silveira no organiza las piezas por periodos, geografías o temas. Esa decisión —explícita en la descripción del proyecto— es una toma de posición frente a las narrativas que buscan ordenar América Latina como si fuera un objeto estable. En cambio, la artista apuesta por la yuxtaposición: imágenes que, al quedar lado a lado, producen choques y resonancias. En To Be Continued…, los cortes dejan fragmentos de íconos de la cultura pop, elementos de flora y fauna y, en ocasiones, un mugshot, todo “empalmado” en proximidad. La proximidad no es inocente: obliga a pensar qué tipo de relato se construye cuando lo cotidiano, lo espectacular, lo natural y lo político se mezclan sin jerarquía.
La investigación sobre la serie menciona ejemplos de esas combinaciones: conquistadores junto a cocaína; pirañas al lado de misioneros jesuitas; revolucionarios con líderes populistas. No se trata de afirmar equivalencias simples, sino de mostrar cómo la historia regional está hecha de superposiciones: violencia colonial y economías extractivas; religiones impuestas y resistencias locales; mitologías heroicas y propaganda; exotización mediática y realidades complejas.
En ese sentido, la yuxtaposición funciona como crítica a dos imágenes recurrentes de América Latina: la del “paraíso tropical” y la de la “frontera peligrosa”, estereotipos que los medios masivos han reproducido durante décadas. Al usar el mismo tipo de material visual que alimenta esos clichés —recortes, anuncios, propaganda—, Silveira no los reproduce para confirmarlos, sino para exponer su persistencia y su artificio. El blanco y negro, además, intensifica el carácter documental: parece archivo, pero es montaje.
El resultado es una visión “más complicada” de la región, en palabras asociadas a la lectura de la obra. Complicada no como sinónimo de confusa, sino como opuesta a lo simplificado. La colcha entrópica que propone Silveira no ofrece una moraleja; ofrece un campo de interpretación donde el espectador debe reconocer que la identidad latinoamericana se construye en disputa, con capas históricas que no encajan de manera limpia.
La obra ‘To Be Continued…’
To Be Continued… es la pieza inaugural de Latin American Puzzle y fue presentada por primera vez en 1997. Su estructura es, a la vez, simple y exigente: 100 reproducciones en blanco y negro de imágenes provenientes de distintas fuentes —fotografías, recortes de periódicos, propaganda, anuncios y otros materiales—, cada una colocada dentro de una pieza de rompecabezas sobredimensionada. La obra se entiende como un montaje que no busca completar una imagen única, sino desplegar una narrativa amplia a partir de fragmentos.
En la descripción de la instalación, un detalle se vuelve decisivo: las piezas “cortan” rostros y escenas. Ese corte no es un accidente del formato, sino el corazón del argumento visual. Silveira trabaja con la idea de que toda imagen es un recorte y que, por lo tanto, toda narrativa construida con imágenes también lo es. Al hacer visible el borde —la interrupción—, la artista obliga a mirar no solo lo que aparece, sino lo que falta.
La obra también se sostiene en una tensión entre familiaridad y extrañeza. Los materiales provienen de la cultura visual compartida: prensa, publicidad, propaganda. Son imágenes que, en su contexto original, pretendían informar, persuadir o vender. En el rompecabezas, pierden su función inmediata y se convierten en signos disponibles para nuevas lecturas. Aparecen fragmentos de íconos de cultura pop, elementos naturales y, ocasionalmente, un mugshot, como si la región fuera narrada a través de un archivo desordenado donde lo espectacular y lo cotidiano se confunden.
En conjunto, To Be Continued… propone una idea de América Latina como relato en disputa: una historia que no se puede ordenar sin violencia interpretativa. La obra no niega la posibilidad de sentido; la desplaza hacia el espectador, que debe navegar entre fragmentos y aceptar que el “todo” es necesariamente provisional.
Reproducciones en blanco y negro
El blanco y negro en To Be Continued… no es un recurso meramente estético: es una decisión que conecta la obra con la lógica de los medios y con la apariencia de documento. Las reproducciones remiten a fotografías de prensa, archivos, recortes, materiales que circulan como evidencia o como memoria pública. Al trasladar ese lenguaje al espacio expositivo, Silveira juega con una ambigüedad: lo que parece “registro” es, en realidad, montaje; lo que parece “archivo” es una construcción.
Esa elección también contribuye a desactivar el color como promesa de exotismo. Frente a la imagen turística de América Latina —asociada a lo tropical, lo vibrante, lo pintoresco—, el blanco y negro impone distancia y obliga a leer la imagen como signo, no como postal. En ese sentido, la obra se alinea con una crítica a representaciones simplificadas: si el continente ha sido contado como paraíso o como amenaza, Silveira responde con una paleta que recuerda que esas narrativas se fabrican y se reproducen.
El blanco y negro, además, unifica materiales de origen diverso. Un anuncio y un recorte periodístico pueden compartir la misma tonalidad, lo que dificulta distinguir jerarquías. Esa nivelación visual refuerza el método de la obra: no hay un orden “natural” entre fuentes; todo puede entrar en relación con todo. La historia se vuelve un campo de fricciones más que una línea.
Finalmente, el blanco y negro subraya el carácter fragmentario. Los cortes de las piezas dejan bordes duros, interrupciones claras. La ausencia de color puede intensificar la atención en la forma, en el contraste, en la textura de la reproducción. Así, el espectador se enfrenta a imágenes que parecen familiares, pero que, al estar recortadas y reubicadas, se vuelven difíciles de consumir como información rápida.
Elementos de la cultura pop y su organización
En To Be Continued…, la cultura pop aparece como fragmento: íconos reconocibles que no se presentan completos, sino cortados por el borde de la pieza. Esa decisión altera el modo en que suelen funcionar estas imágenes. En su circulación habitual, los íconos pop se apoyan en la repetición y en la claridad: deben ser identificables de inmediato. Silveira, en cambio, los vuelve parciales, los mezcla con otros signos y los obliga a convivir con elementos que no pertenecen al mismo registro.
La organización de esos elementos es deliberadamente no lineal. La artista no agrupa por décadas, países o temas. En lugar de eso, construye proximidades que pueden ser humorísticas o inquietantes, según la combinación. La investigación sobre la serie describe cómo las yuxtaposiciones colapsan tiempo y geografía, generando encuentros inesperados. Esa estrategia es crucial para entender el comentario político de la obra: América Latina no es una esencia fija, sino un territorio narrado por capas, donde lo colonial, lo contemporáneo, lo mediático y lo natural se entrelazan.
La presencia de flora y fauna junto a propaganda o anuncios también señala un punto: la región suele ser representada a través de su naturaleza, como si lo natural fuera su identidad principal. Al colocar esos elementos en un mismo plano que recortes políticos o imágenes de intervención, Silveira sugiere que la naturaleza también ha sido parte de la disputa —por explotación de recursos, por imaginarios de abundancia— sin necesidad de convertir la obra en un panfleto. La crítica opera por montaje.
Incluso la aparición ocasional de un mugshot introduce otra capa: la criminalización como narrativa mediática. En el rompecabezas, esa imagen no se explica, pero su proximidad con otros fragmentos obliga a pensar en cómo se construyen relatos de violencia, control y estigma. La organización, entonces, no busca ordenar el mundo: busca mostrar cómo el mundo ya está ordenado —y desordenado— por las imágenes que consumimos.
Exposición actual en Alexander Gray Associates
To Be Continued… se presenta “este mes” en Alexander Gray Associates, junto con la iteración más reciente del proyecto, Continued…. La exhibición pone en diálogo dos momentos de una misma investigación: el inicio de la serie en 1997 y su expansión en 2025. Verlas juntas permite entender el rompecabezas no como obra cerrada, sino como un dispositivo que se actualiza y se reescribe.
La lectura que acompaña la muestra insiste en que estas instalaciones reflejan una consideración en evolución sobre una región que continúa lidiando con su entorno poscolonial y con intervenciones persistentes de potencias mundiales. Esa frase no funciona como un marco abstracto: se conecta directamente con el método de Silveira. Si la historia regional está atravesada por fuerzas externas y por reconfiguraciones internas, entonces un rompecabezas reconfigurable —con títulos que no cierran— se vuelve una forma coherente de narrarla.
La exposición también subraya aspectos materiales y visuales que refuerzan esa idea de inestabilidad. Se mencionan piezas negras y huecos blancos que sugieren, al mismo tiempo, pérdida y apertura para nuevas adiciones. Es decir: el rompecabezas no solo muestra fragmentos; muestra también vacíos. En un contexto donde la memoria histórica suele estar marcada por ausencias —lo borrado, lo censurado, lo desaparecido—, esos huecos adquieren un peso simbólico sin necesidad de ser ilustrativos.
Al reunir To Be Continued… y Continued…, la galería presenta la de las imágenes dentro de las piezas y la del propio proyecto como proceso. La obra no se limita a representar una historia; se comporta como una historia: cambia, se amplía, deja espacios para lo que aún no se incorpora.
Detalles de la instalación
La instalación se construye a partir de piezas de rompecabezas sobredimensionadas que alojan imágenes en blanco y negro. En el caso de To Be Continued…, se trata de 100 reproducciones de materiales visuales diversos, “anidadas” en cada pieza. La escala y el formato obligan a una experiencia corporal: no es lo mismo ver un recorte en una página que enfrentarlo como parte de un conjunto mural que se expande en el espacio.
Un rasgo destacado en la lectura de la muestra es la presencia de piezas negras y de huecos blancos. Las piezas negras pueden leerse como interrupciones o zonas opacas dentro del relato; los huecos blancos, como pérdidas o como espacios disponibles. La ambivalencia es importante: no se trata de un vacío que solo signifique falta, sino también de una apertura para futuras incorporaciones. En un proyecto que se llama Latin American Puzzle, esa apertura sugiere que el rompecabezas —la narrativa— no está completo.
Otro detalle clave son los bordes ranurados, que “parecen permitir reconfiguración”. Aunque el rompecabezas se presenta como instalación, la idea de que podría reorganizarse introduce una dimensión temporal: lo que se ve hoy podría verse distinto mañana. Esa posibilidad dialoga con el contenido de las imágenes, que provienen de medios donde la actualidad reemplaza rápidamente a la anterior, y donde la memoria pública se reescribe con cada nueva circulación.
La instalación, además, se apoya en un gesto de montaje: las piezas cortan rostros y escenas, dejando fragmentos que se conectan por proximidad más que por continuidad narrativa. Así, el espectador no recibe una historia “explicada”, sino un campo de relaciones. La instalación se convierte en una forma de lectura: mirar es ensamblar, pero ensamblar sin garantía de cierre.
Obra complementaria ‘Continued…’
Continued… se presenta como la iteración más reciente del proyecto, fechada en 2025. El emparejamiento no es solo cronológico; es conceptual. Si la primera obra ya declaraba, con sus puntos suspensivos, que la historia seguiría, la segunda confirma que el proyecto efectivamente se prolonga.
La lógica de continuidad también se expresa en el título: no hay un “final”, sino una insistencia en el proceso. En el contexto de la muestra, ambas instalaciones se leen como consideraciones en evolución sobre América Latina, una región que —según el marco curatorial citado— sigue enfrentando su condición poscolonial y las intervenciones de potencias mundiales. La continuidad, entonces, no es un gesto formal vacío: responde a la idea de que las fuerzas que moldean la región no pertenecen solo al pasado.
La presencia de huecos y piezas negras adquiere aquí un sentido adicional. Si el rompecabezas puede ampliarse, entonces Continued… no solo agrega contenido: también reafirma el principio de que el relato está abierto. La obra complementaria funciona como evidencia de que el dispositivo admite nuevas capas, nuevas imágenes, nuevas fricciones. En lugar de corregir o “completar” la primera instalación, la prolonga.
Ver Continued… junto a To Be Continued… también permite percibir el proyecto como archivo vivo. No se trata de un archivo que conserva para fijar, sino de uno que conserva para reorganizar. En ese sentido, la obra complementaria no cierra preguntas; las desplaza hacia el presente, recordando que las narrativas sobre América Latina —en medios, en política, en cultura— siguen en disputa y siguen siendo reensambladas.
Composiciones en constante cambio
Una de las ideas más insistentes en la lectura de Latin American Puzzle es la de la composición como algo maleable. No se trata únicamente de que el proyecto haya tenido distintas iteraciones a lo largo del tiempo —de 1997 a 2025—, sino de que la propia forma del rompecabezas sugiere reconfiguración. Los bordes ranurados, que “parecen permitir” reorganizar las piezas, convierten la instalación en una estructura que no promete estabilidad.
Esa inestabilidad formal se alinea con el contenido: América Latina aparece como una región cuya historia no puede contarse como una línea recta. Las imágenes provienen de fuentes que ya son, en sí mismas, fragmentarias: recortes, propaganda, anuncios, fotografías reproducidas. Al reunirlas sin orden temporal o geográfico, Silveira produce un relato que se comporta como memoria pública: salta, se contradice, vuelve sobre sí mismo, mezcla lo íntimo con lo político, lo natural con lo mediático.
Las piezas negras y los huecos blancos refuerzan esa condición de cambio. Las piezas negras pueden sugerir zonas de opacidad, interrupciones o silencios; los huecos blancos, pérdidas o espacios para incorporar algo nuevo. En ambos casos, la composición no se presenta como completa. Y esa incompletud no es un defecto: es el argumento. La historia, parece decir la obra, no está terminada; y cualquier intento de terminarla sería una simplificación.
Los puntos suspensivos en los títulos funcionan como señal tipográfica de esa misma idea. En literatura, los puntos suspensivos pueden indicar una pausa, una omisión o una continuidad. Aquí, operan como declaración política y estética: el relato de América Latina no se clausura porque las condiciones que lo producen —poscolonialidad, circulación mediática, intervenciones externas, disputas internas— siguen activas.
En la experiencia del espectador, la composición cambiante se traduce en una lectura abierta. No hay un recorrido único ni una interpretación definitiva. Las yuxtaposiciones pueden leerse de múltiples maneras: como comentario sobre estereotipos mediáticos, como crítica a legados coloniales, como mapa de contradicciones culturales. La obra no obliga a elegir una sola lectura; obliga a sostener varias a la vez. Y en ese sostener, el rompecabezas deja de ser un objeto para resolverse y se convierte en una forma de pensar.
La duración de la exposición en Nueva York
La exposición Latin American Puzzle puede verse en Nueva York hasta el 14 de febrero, en Alexander Gray Associates. La fecha de cierre, más allá de su función práctica, subraya una paradoja frecuente en el arte contemporáneo: obras que hablan de procesos largos —décadas de historia, siglos de colonialidad, continuidades políticas— se presentan en ventanas temporales acotadas. En el caso de Silveira, esa tensión parece casi parte del concepto: el relato es continuo, pero el acceso es momentáneo.
La muestra reúne To Be Continued… y Continued…, lo que permite observar el proyecto como una narrativa que se expande con el tiempo. La posibilidad de ver ambas piezas en un mismo espacio ofrece una lectura comparativa: no solo se mira una obra, sino el gesto de insistir en ella, de retomarla, de prolongarla. En un proyecto que utiliza el rompecabezas como estructura, esa insistencia funciona como recordatorio de que el ensamblaje nunca es definitivo.
El marco interpretativo que acompaña la exhibición enfatiza que la región “continúa lidiando” con su entorno poscolonial y con intervenciones de potencias mundiales. Esa formulación en presente conecta con la temporalidad de la muestra: no se trata de una revisión nostálgica, sino de una lectura que se activa en el ahora. Las imágenes —recortes, propaganda, anuncios— pertenecen a un universo mediático que sigue moldeando percepciones, y el montaje de Silveira invita a reconocer esa persistencia.
La fecha de cierre también puede leerse, en clave simbólica, junto a los puntos suspensivos de los títulos. La exposición termina, pero la historia no. El visitante sale de la galería con una sensación coherente con el proyecto: lo visto no se resuelve en una conclusión, sino que queda abierto, como un rompecabezas que admite nuevas piezas, nuevos vacíos y nuevas combinaciones.
Regina Silveira: Un rompecabezas de narrativas en América Latina
La complejidad de la identidad latinoamericana
En Latin American Puzzle, la identidad latinoamericana no aparece como esencia ni como suma armónica de diferencias. Aparece como montaje: una colcha de retazos “entrópica” donde conviven símbolos, episodios, estereotipos y fragmentos de archivo. La decisión de no ordenar por tiempo, geografía o tema es una forma de rechazar relatos totalizantes. En lugar de decir “esto es América Latina”, Silveira muestra cómo se la ha contado —y cómo se la sigue contando— a través de imágenes que circulan y se fijan en la memoria pública.
La complejidad se vuelve visible en las yuxtaposiciones: conquistadores junto a cocaína, pirañas al lado de misioneros jesuitas, revolucionarios con líderes populistas. Son combinaciones que colapsan tiempos y espacios, y que obligan a reconocer que la región se construye en capas superpuestas. La obra no propone una lectura única de esas capas; propone un dispositivo para verlas en fricción.
El blanco y negro, los cortes de las piezas y los huecos en la composición refuerzan esa complejidad. No hay imagen completa, no hay rostro entero, no hay escena cerrada. La identidad, como el rompecabezas, se arma con fragmentos y con ausencias. Y esas ausencias no son solo formales: remiten a historias incompletas, a memorias interrumpidas, a narrativas que han sido recortadas por poderes políticos y mediáticos.
Al final, la complejidad no se presenta como un problema a resolver, sino como una condición a aceptar. Silveira convierte esa condición en experiencia visual: mirar es ensamblar, pero ensamblar sabiendo que el resultado siempre será provisional.
El arte como medio de resistencia y reflexión
La obra de Silveira se inscribe en una tradición del arte conceptual que entiende la imagen como campo de disputa. Al trabajar con materiales de prensa, propaganda y publicidad, la artista toma el lenguaje de los medios masivos —un lenguaje que suele simplificar y estereotipar— y lo reorganiza para que deje de funcionar como certeza. En ese gesto hay resistencia: no necesariamente como consigna explícita, sino como interrupción de la lectura automática.
La resistencia también está en la forma abierta. Los puntos suspensivos en los títulos y la sugerencia de reconfiguración en las piezas niegan el cierre. En un contexto donde los relatos sobre América Latina han sido muchas veces impuestos desde afuera o fijados por clichés, insistir en lo inacabado es una postura crítica. La historia no se entrega como producto terminado; se ofrece como proceso.
La reflexión, por su parte, surge del montaje. Las yuxtaposiciones pueden ser humorísticas o inquietantes, y esa oscilación evita el tono didáctico. El espectador no recibe una explicación, sino una tarea: pensar por qué ciertas imágenes, al colocarse juntas, producen sentido o incomodidad. En esa incomodidad se abre un espacio para cuestionar lo aprendido, lo repetido, lo consumido como “verdad” visual.
Al presentar To Be Continued… junto a Continued… en Nueva York, la exposición refuerza que esta reflexión no pertenece solo al pasado. La narrativa sigue en evolución, como la región misma. Y el rompecabezas, lejos de ser un juego, se convierte en una herramienta para mirar críticamente cómo se construyen —y cómo podrían reconstruirse— las historias compartidas.
Desde el enfoque editorial de un blog de museo en Ciudad de México, esta lectura busca conectar noticias del mundo del arte con claves de interpretación que ayuden a visitantes y lectores a situar obras y exposiciones en un contexto más amplio.
