Tabla de contenidos
- 1. El Beso de Rodin simboliza amor y deseo universal
- 2. Creación y Contexto Histórico de El Beso
- 3. Los Personajes de El Beso: Paolo y Francesca
- 4. Separación de La Porte de l’Enfer
- 5. Técnicas y Materiales Utilizados por Rodin
- 6. Dimensiones y Escala de la Escultura
- 7. Temas de Amor y Deseo en El Beso
- 8. Innovación en la Escultura: Un Enfoque Moderno
- 9. Recepción y Legado de El Beso
- 10. Reinterpretaciones
- 11. El Beso en el arte contemporáneo
- 11.1 La reinterpretación de El Beso en la cultura popular
- 11.2 El legado de Rodin en la escultura moderna
El Beso de Rodin simboliza amor y deseo universal
- Nació en los años 1880 como parte de La Porte de l’Enfer, pero su tono luminoso lo llevó a independizarse.
- Representa a Paolo Malatesta y Francesca da Rimini, amantes trágicos de la Divina Comedia de Dante.
- Rodin convirtió un episodio literario en una imagen atemporal: dos cuerpos que se buscan, sin distracciones narrativas.
- Tallado en mármol (y reproducido también en bronce), su escala monumental amplifica la intimidad.
- Su impacto atraviesa museos, reproducciones y relecturas modernas, de Brancusi a la cultura popular.
Claves de su impacto universal
Tres claves para entender por qué se siente “universal” (incluso sin conocer a Dante):
– Cuerpo como lenguaje: la emoción se lee en torsos, manos y peso compartido, más que en símbolos externos.
– Pausa antes del beso: no es una escena “cerrada”; es un instante suspendido que cualquiera puede completar.
– Poca narrativa, un detalle decisivo: casi no hay “historia” visible, salvo el libro que sugiere origen literario sin imponerlo.
– Escala que cambia la relación: el tamaño monumental hace que el espectador no solo mire, sino que “conviva” con la escena.
Creación y Contexto Histórico de El Beso
El Beso (Le Baiser) se gestó en la primera mitad de la década de 1880, cuando Auguste Rodin trabajaba en el encargo estatal más ambicioso de su carrera: La Porte de l’Enfer (Las Puertas del Infierno), solicitado por el Ministerio de Bellas Artes de Francia en 1880.
Ese origen —una obra concebida dentro de un programa oficial y monumental— ayuda a entender por qué la pieza pasó de episodio literario a imagen pública: nació en diálogo con una gran comisión y, al mismo tiempo, terminó desbordándola. En ese vasto proyecto —un torbellino de cuerpos, condena y deseo— Rodin imaginó una escena distinta: no el castigo, sino el instante previo, cuando el amor todavía parece promesa.
Hacia 1887, el escultor ya había replanteado la pieza como obra autónoma. En su origen circuló con el título Francesca da Rimini, subrayando la fuente literaria; el nombre popular, El Beso, se impondría después, impulsado por la recepción pública y crítica que vio en la obra algo más amplio que un episodio medieval: una síntesis de pasión humana.
En otras palabras: el cambio de título acompaña un cambio de lectura. De personajes concretos (Paolo y Francesca) a una escena que el público reconoce como emblema universal.
Del encargo estatal al icono
– 1880: el Estado francés encarga a Rodin La Porte de l’Enfer (Ministerio de Bellas Artes).
– Primera mitad de los 1880: Rodin concibe la pareja de amantes dentro del proyecto.
– 1887: la escena se replantea como obra autónoma (circula como Francesca da Rimini).
– 1888: encargo estatal de una versión en mármol (dato recogido en fichas museísticas como la del Musée Rodin).
– Después: el título popular El Beso se consolida por uso público y crítico.
Los Personajes de El Beso: Paolo y Francesca
Los protagonistas son Paolo Malatesta y Francesca da Rimini, amantes condenados en el Canto V del Infierno de Dante. Francesca, casada con Gianciotto Malatesta, se enamora de Paolo —hermano de su esposo— y ambos son asesinados al ser descubiertos. Rodin no representa el crimen ni el castigo: elige el umbral del deseo, el momento suspendido en el que la historia todavía no se ha cerrado.
Un detalle concentra la clave narrativa: el libro en la mano de Paolo. Remite al pasaje dantesco en el que los amantes se acercan leyendo la historia de Lanzarote y Ginebra. La literatura, en Rodin, no es decorado: es detonante. El amor nace de una lectura compartida y se vuelve, a su vez, imagen destinada a ser leída por generaciones.
Indicios internos de identificación
Pistas “comprobables” dentro de la propia escultura que sostienen la lectura de Paolo y Francesca:
– El libro en la mano de Paolo: alude a la escena de lectura que desencadena el beso en el relato de Dante (Canto V).
– Ausencia de castigo o violencia: no hay señales del asesinato; Rodin fija el instante previo, coherente con la idea de “umbral del deseo”.
– Desnudez sin atributos de época: refuerza que el episodio literario se convierte en imagen abierta (esto coincide con la lectura difundida por fichas museísticas como la del Musée Rodin).
– Origen como fragmento del portal: la identificación de los amantes como parte de La Porte de l’Enfer es un dato repetido en catálogos y síntesis históricas (por ejemplo, Musée Rodin y la entrada de referencia en Wikipedia).
Separación de La Porte de l’Enfer
La decisión de separar la escultura de La Porte de l’Enfer fue tanto estética como conceptual. En el conjunto, dominado por la angustia y la caída, la pareja irradiaba una energía incompatible: su abrazo no era tormento, sino plenitud. Rodin entendió que esa sensualidad —casi celebratoria— desbalanceaba el tono sombrío del portal.
Al independizarla, la obra ganó autonomía simbólica. Dejó de ser un fragmento subordinado a una arquitectura infernal y pasó a funcionar como emblema: una escena sin necesidad de contexto, capaz de hablar por sí misma incluso a quien desconozca a Dante.
Ganancias y pérdidas del traslado
Lo que se gana y lo que se pierde al sacar la pareja del portal:
– Gana: legibilidad inmediata (no hace falta “leer” todo el programa infernal para entender la escena).
– Gana: potencia icónica (se vuelve una imagen autónoma, reproducible y reconocible).
– Pierde: parte del contraste trágico original (en el portal, el amor aparece rodeado de condena y caída).
– Pierde: una capa narrativa (su lugar dentro de La Porte de l’Enfer la conectaba más directamente con el destino de los amantes).
Técnicas y Materiales Utilizados por Rodin
La versión más célebre de El Beso es de mármol, con una superficie pulida que captura la luz y refuerza la sensación de piel viva. Rodin combinó el virtuosismo clásico —anatomías convincentes, volúmenes rotundos— con licencias expresivas: no le interesaba la corrección académica por sí misma, sino la intensidad del gesto. Se ha señalado, por ejemplo, la elongación del brazo de Francesca como recurso para intensificar el abrazo y conducir la mirada.
Como era habitual en la gran escultura del siglo XIX, Rodin trabajó con artesanos especializados para ejecutar versiones en mármol; entre ellos, Jean Turcan. El resultado no diluye la autoría: la concepción, el modelado y la decisión final de formas y tensiones pertenecen al escultor, que dirige el proceso como un director de escena.
Del modelo al mármol final
Un “cómo se hizo” en pasos (y qué suele salir mal si no se controla):
1) Modelado inicial (arcilla/yeso): se define la composición y el contacto entre cuerpos.
– Punto de control: que el abrazo se lea desde varios ángulos, no solo de frente.
2) Ajustes expresivos: pequeñas licencias (como proporciones o elongaciones) para guiar la mirada.
– Punto de control: que la licencia intensifique el gesto sin romper la credibilidad anatómica.
3) Traslación al mármol (con artesanos): se “traduce” el modelo al bloque, manteniendo tensiones y planos.
– Punto de control: no perder la sutileza en dedos, labios y transiciones de piel.
4) Pulido selectivo: el acabado luminoso refuerza la sensación de carne y la continuidad del contacto.
– Punto de control: evitar un pulido uniforme que borre contrastes y haga la superficie “plana”.
Dimensiones y Escala de la Escultura
La escala es parte del impacto. La versión en mármol encargada por el Estado francés en 1888 mide aproximadamente 181,5 cm de alto, 112,5 cm de ancho y 117 cm de profundidad. No es una miniatura íntima: es un cuerpo a cuerpo monumental.
Esa elección produce un efecto paradójico y eficaz: cuanto más grande es la obra, más íntima parece la escena. El espectador no “mira” un beso; casi lo rodea, lo acompaña, percibe el peso de los muslos, la torsión del torso, el equilibrio precario de dos figuras que se sostienen mutuamente.
| Versión / dato | Material | Alto | Ancho | Profundidad | Nota |
|---|---|---|---|---|---|
| Versión monumental (encargo estatal, 1888) | Mármol | 181,5 cm | 112,5 cm | 117 cm | Medidas difundidas por fichas museísticas (p. ej., Musée Rodin). |
| Otras versiones autorizadas | Bronce (y otras) | — | — | — | Existen múltiples fundiciones/variantes; las medidas pueden cambiar según edición y museo. |
Temas de Amor y Deseo en El Beso
Rodin condensa amor y deseo sin recurrir a símbolos grandilocuentes. No hay vestuario que sitúe época, ni atributos heroicos, ni moral explícita. Hay piel, tensión y una pausa: el beso como instante absoluto. Esa economía narrativa explica su universalidad; la obra puede leerse como pasión prohibida, como ternura, como descubrimiento o como despedida.
El libro introduce una segunda capa: el deseo no es solo físico, también es imaginario. Los amantes se besan porque antes fueron atravesados por una historia. Rodin sugiere así una cadena de contagios: la literatura enciende el amor; el amor se vuelve escultura; la escultura enciende nuevas miradas.
Claves para leer deseo
Claves para “leer” amor y deseo en la pieza (pruébalas al rodearla con la mirada):
– ☐ Tensión vs ternura: ¿predomina el impulso o la contención?
– ☐ El instante: ¿ves un beso consumado o el segundo anterior?
– ☐ Prohibición: ¿la escena sugiere riesgo (por la historia) aunque no lo muestre?
– ☐ Literatura como chispa: localiza el libro y piensa qué cambia al saber que el deseo nace de una lectura.
– ☐ Recorrido del ojo: sigue manos → torsos → rostros; ¿qué parte “manda” la emoción?
Innovación en la Escultura: Un Enfoque Moderno
Aunque El Beso dialoga con la tradición —el mármol, el desnudo, la composición clásica—, su modernidad está en la psicología del cuerpo. Rodin no idealiza desde la distancia: acerca la emoción a la superficie. La obra no se limita a “representar” dos figuras bellas; hace visible una energía interna, una vibración que parece mover la piedra.
Esa apuesta por lo táctil y lo expresivo ayudó a desplazar el centro de la escultura europea: del relato mitológico a la experiencia humana. En ese giro, Rodin se vuelve puente entre el academicismo y las vanguardias del siglo XX.
Tradición y modernidad en El Beso
Tradición vs modernidad en El Beso (una forma rápida de ubicar su innovación):
– Tradición: mármol + desnudo + composición estable (herencia clásica).
– Modernidad: emoción como estructura (la “historia” está en el contacto, no en atributos).
– Tradición: acabado virtuoso y monumentalidad.
– Modernidad: licencias expresivas al servicio del gesto (prioriza intensidad sobre corrección).
– Resultado: una obra que se entiende como “clásica” por material y como “moderna” por psicología corporal.
Recepción y Legado de El Beso
Desde sus primeras exhibiciones, la obra fue celebrada por su potencia emocional y su maestría formal. Contribuyó decisivamente a consolidar a Rodin como figura central de la escultura moderna: un artista capaz de convertir el mármol en un lenguaje contemporáneo.
El legado también es institucional: existen ejemplares y versiones en grandes colecciones, entre ellas el Musée Rodin (París), la Tate (Londres) y el Museo Nacional de Bellas Artes (Buenos Aires). Esa circulación internacional reforzó su condición de icono: una imagen reconocible incluso fuera del circuito especializado.
Esta presencia en instituciones de referencia también facilita una lectura comparada: cómo cambia la percepción de la obra según el contexto museográfico, la distancia de observación y el diálogo con otras piezas de la modernidad.
| Hito | Qué ocurrió | Por qué importa |
|---|---|---|
| 1880 | Encargo estatal de La Porte de l’Enfer | Sitúa el origen del grupo en un programa oficial y monumental. |
| 1887 | La escena se consolida como obra autónoma | Explica el paso de fragmento narrativo a icono independiente. |
| 1888 | Encargo estatal de una versión en mármol | Fija la ambición material y la escala “de museo”. |
| Siglo XX–hoy | Presencia en museos (Musée Rodin, Tate, MNBA, entre otros) | Asegura circulación, conservación y relecturas públicas continuas. |
Nota de contexto: la ubicación exacta, el número de versiones y algunos datos de catálogo pueden variar entre instituciones y a lo largo del tiempo por préstamos, restauraciones y criterios de catalogación.
Reinterpretaciones
El Beso se volvió una plantilla cultural del amor: reproducido, citado, parodiado, fotografiado. Su fuerza reside en que no depende de un argumento cerrado; funciona como símbolo abierto, adaptable a épocas y sensibilidades.
En el terreno artístico, su influencia se percibe en la reacción —a veces de continuidad, a veces de ruptura— de escultores posteriores. Un caso emblemático es Constantin Brancusi, quien trabajó brevemente en el entorno de Rodin y, en 1908, realizó su propia versión de El beso: geométrica, compacta, casi arquitectónica. Donde Rodin modela carne, Brancusi talla idea; la comparación muestra cómo una misma escena puede empujar el lenguaje escultórico hacia direcciones opuestas.
Sensualidad Táctil vs Síntesis Formal
Rodin vs Brancusi (qué se sacrifica para ganar otra cosa):
– Rodin
– Gana: sensualidad táctil, anatomía vibrante, “piel” en la piedra.
– Pierde: síntesis extrema (la forma no se reduce a lo esencial geométrico).
– Brancusi (1908)
– Gana: condensación simbólica, claridad estructural, lectura casi arquitectónica.
– Pierde: detalle corporal y matices de contacto (menos “carne”, más signo).
El Beso en el arte contemporáneo
La reinterpretación de El Beso en la cultura popular
En la cultura visual contemporánea, El Beso opera como atajo emocional: basta su silueta para activar una narrativa de pasión. Aparece en reproducciones domésticas, campañas, fotografía y cine como signo de romanticismo, pero también como objeto de debate sobre el deseo, la mirada y la representación del cuerpo.
Su persistencia se explica por una cualidad rara: es explícita sin ser anecdótica. No cuenta “una” historia; convoca muchas.
Vigencia del icono hoy
Por qué el icono sigue funcionando hoy (más allá del “romanticismo”):
– Silueta reconocible: se entiende en un vistazo, ideal para cultura visual rápida.
– Ambigüedad productiva: puede leerse como ternura o como transgresión, según el contexto.
– Debate contemporáneo: al poner el deseo en primer plano, invita a discutir mirada, consentimiento implícito en la representación y cómo cambia la lectura según época y público.
El legado de Rodin en la escultura moderna
Rodin dejó una lección que sigue vigente: la escultura no es solo forma, es temperatura. En El Beso, la innovación no depende de un manifiesto, sino de una decisión artística concreta: hacer que el mármol parezca respirar.
Ese impulso —priorizar la emoción encarnada, la huella del gesto, la presencia física— abrió camino a la modernidad escultórica. Y convirtió a El Beso en algo más que una obra célebre: en un estándar con el que, todavía hoy, se mide la capacidad del arte para decir lo indecible sin pronunciar una sola palabra.
En el blog del Museo Soumaya, este tipo de lecturas busca conectar historia del arte, técnicas y recepción pública para entender por qué ciertas obras —como El Beso— siguen activando preguntas contemporáneas sobre el cuerpo, el deseo y la mirada.
Este texto se basa en información pública disponible en el momento de redactarse. Algunos datos (medidas exactas, número de versiones y ubicación) pueden variar según el museo, la edición de fundición o actualizaciones de catálogo. Las cifras y fichas técnicas más fiables suelen ser las publicadas por la institución que conserva la obra (por ejemplo, el Musée Rodin). La información puede cambiar con nuevas investigaciones, restauraciones o préstamos.


