Tabla de contenidos
- Solidaridad de las galerías con las protestas contra ICE
- El concepto de ‘performative allyship’ en el arte
- Diferencias entre ‘frictionless allyship’ y verdadera solidaridad
- Impacto de las protestas contra ICE en la administración de inmigración
- La huelga ‘ICE Out’ y sus demandas
- Las galerías de arte y su papel en la lucha por la justicia social
- La importancia de la solidaridad en el arte
- Desafíos y oportunidades en el contexto actual
En los últimos días, numerosas galerías de arte en Estados Unidos han inundado sus redes con mensajes de apoyo a las protestas contra el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE): tipografías cuidadas, fondos blancos, promesas de “sostener el espacio” y de “apoyar a nuestras comunidades”. La estética de la solidaridad, sin embargo, abre una pregunta incómoda en el mundo cultural: ¿qué ocurre cuando el gesto no altera nada?
Nota de enfoque: este artículo aborda el tema desde una lectura crítica de cómo las instituciones culturales comunican “solidaridad” y de qué manera esa solidaridad se vuelve verificable en prácticas materiales.
La huelga nacional “ICE Out”, convocada con el lema “no trabajo, no escuela, no compras”, busca precisamente lo contrario de un apoyo sin consecuencias: introducir fricción económica y social para visibilizar un sistema de detención y deportación que opera con eficiencia administrativa y distancia pública. En ese marco, el reto para las instituciones culturales no es solo pronunciarse, sino demostrar si su solidaridad tiene efectos materiales.
Solidaridad de las galerías con las protestas contra ICE
La reacción de muchas galerías ha sido inmediata y pública: comunicados y declaraciones de respaldo a manifestaciones que denuncian la expansión de la aplicación federal de leyes migratorias y episodios de violencia mortal vinculados a operativos.
Ese apoyo, tal como se ha visto en los feeds del sector, suele adoptar una forma reconocible: mensajes breves, visualmente pulidos y diseñados para circular. El problema no es la intención —muchas veces genuina— sino la distancia entre el discurso y la práctica cotidiana del negocio del arte: inauguraciones que siguen en pie, comisiones que no se mueven, calendarios de ferias intactos y artistas que continúan esperando meses para cobrar tras una venta.
En una protesta que pide detener el consumo y el trabajo, la solidaridad institucional se mide menos por el tono del comunicado que por su capacidad de asumir costos.
Señales de compromiso verificable
Señales observables (y por tanto verificables) de que una galería pasó del mensaje a la práctica:
– Calendario: ¿cerró o reprogramó una inauguración/actividad que normalmente atrae ventas y prensa?
– Dinero: ¿redireccionó una partida concreta (por ejemplo, gastos de feria, producción o hospitalidad) hacia apoyo material relacionado con la huelga?
– Pagos: ¿acortó plazos de pago a artistas (por ejemplo, “pago a la entrega” en vez de esperar el pago del coleccionista)?
– Comisiones/contratos: ¿redujo temporalmente su comisión o ajustó términos de consignación de forma pública y con fecha?
– Uso del espacio: ¿cedió el espacio para acciones útiles (p. ej., clínicas de “conoce tus derechos”) en vez de solo “visibilizar”?
Preguntas rápidas para distinguir estética de costo real:
– ¿Este gesto le costó a la institución algo medible (tiempo, dinero, ventas, agenda)?
– ¿Movió dinero, tiempo o poder de decisión hacia artistas inmigrantes y comunidades más expuestas a la violencia de ICE?
– Si se borra el post mañana, ¿cambia algo en pagos, comisiones o prioridades?
El concepto de ‘performative allyship’ en el arte
El mundo del arte ya tiene un término para una parte de este fenómeno: performative allyship (alianza performativa). Es la solidaridad orientada a ser vista, a ocupar “el lado correcto de la historia” sin modificar estructuras internas.
En este texto también se usa frictionless allyship (alianza “sin fricción”) para nombrar apoyos que pueden ser sinceros, pero que no introducen cambios operativos medibles; la diferencia relevante aquí no es el estilo del mensaje, sino su efecto.
No es nuevo. En 2015 y 2016 se expresó con imperdibles como señal de “espacio seguro”. En 2020, con los cuadrados negros publicados en masa en redes sociales. En ambos casos, el gesto funcionó como marca reputacional: visible, compartible y, sobre todo, de bajo costo.
En el ecosistema cultural, donde la crítica puede convertirse rápidamente en estilo, el riesgo es que la solidaridad se metabolice como otro objeto pulido: una pieza más del feed, junto a fotos de montaje y recortes de prensa.
Más allá del gesto público
Cómo leer los términos sin perderse en la jerga:
– Performative allyship = “apoyo” cuyo centro es ser visto (reputación/imagen). Suele ser de bajo costo y no toca reglas internas.
– Frictionless allyship = apoyo que puede ser sincero, pero que no introduce cambios operativos: todo sigue igual (pagos, comisiones, agenda).
Ejemplos reconocibles (ya vistos en ciclos recientes):
– 2015–2016: imperdibles como señal de alineación moral.
– 2020: cuadrados negros publicados en masa.
La clave práctica para el lector: más que preguntar “¿se ve bien?”, preguntar “¿qué cambió después del post?”
Diferencias entre ‘frictionless allyship’ y verdadera solidaridad
No toda solidaridad “sin fricción” es cínica. Puede ser sincera y, aun así, no mover nada. La diferencia clave no es solo la intención, sino el efecto.
- Alianza performativa: busca principalmente ser percibida como correcta; su función es reputacional.
- Alianza sin fricción (frictionless allyship): puede ser bienintencionada, pero no exige cambios operativos.
- Solidaridad real: introduce “arrastre” en la maquinaria institucional; obliga a elegir consecuencias sobre conveniencia.
Esa fricción es un lenguaje clásico de la protesta. En los sit-ins del movimiento por los derechos civiles, el objetivo no era emitir declaraciones contra la segregación: era interrumpir la normalidad, generar costos y hacer visible la violencia en la vida cotidiana. La incomodidad pública convertía un daño privado en un problema imposible de ignorar.
Trasladado al arte, la pregunta se vuelve concreta: ¿la solidaridad de una galería altera su presupuesto, su agenda, sus contratos o su distribución de poder? Si borrar el post mañana no cambia nada —pagos, comisiones, prioridades—, el apoyo fue estético.
| Criterio | Alianza performativa | Alianza sin fricción (frictionless) | Solidaridad real (con fricción) |
|---|---|---|---|
| Motor principal | Ser percibida como “correcta” | Acompañar sin alterar la operación | Priorizar urgencia humana sobre comodidad institucional |
| Costo para la institución | Casi nulo | Bajo o absorbible | Medible (dinero/tiempo/agenda/contrato) |
| Qué cambia “en la trastienda” | Nada | Nada sustantivo | Pagos, comisiones, calendario, asignación de recursos o poder |
| Señal típica | Post pulido, comunicado, branding moral | Post + gesto compatible con el negocio | Cierre/reprogramación, redirección de fondos, cambios contractuales |
| Prueba rápida | Si se borra el post, no pasa nada | Si se borra el post, no pasa nada | Si se borra el post, sí queda un cambio operativo |
| Riesgo | Cinismo/marketing | Buena intención sin efecto | Conflicto interno, pérdida de ingresos, fricción con coleccionistas/ferias |
Impacto de las protestas contra ICE en la administración de inmigración
Las protestas contra ICE operan con la misma “gramática de la interrupción”. La aplicación de la ley migratoria está diseñada para ser eficiente y distante: detenciones al amanecer, traslados rápidos, separaciones familiares que vuelven inalcanzables audiencias judiciales. Cuando el proceso es fluido, la violencia se vuelve administrativamente invisible.
Las manifestaciones y bloqueos introducen ruido en esa eficiencia: calles cerradas, rutinas alteradas, costos logísticos y políticos. No se trata de caos por sí mismo, sino de comunicación: hacer que lo que ocurre en centros de detención y traslados burocráticos se perciba como una ruptura real, no como una abstracción.
En una economía de consumo, la fricción también puede ser negativa: la retirada deliberada de dinero. El boicot o la “ausencia” se convierte en presión cuando aparece en balances y métricas. Bajo esa lógica, una solidaridad que no se registra en ninguna línea presupuestaria difícilmente funciona como palanca.
De la invisibilidad a la presión
Cadena causa‑efecto (la “gramática de la interrupción”) y qué observar en la práctica:
1) Sistema diseñado para ser “suave” y distante → detenciones tempranas, traslados rápidos, trámites que ocurren fuera de la vista pública.
– Checkpoint: si todo ocurre “sin ruido”, la violencia se vuelve fácil de ignorar.
2) Interrupción pública (marchas, bloqueos, cierres, paro) → cambia la circulación normal de la ciudad y del trabajo.
– Checkpoint: la interrupción se vuelve visible para personas que no estaban directamente afectadas.
3) Costos logísticos y de agenda → desvíos, retrasos, reprogramaciones, recursos extra para gestionar el “ruido”.
– Checkpoint: cuando hay costo, el tema deja de ser abstracto.
4) Aumento de atención y presión → medios, conversación pública, preguntas a autoridades e instituciones.
– Checkpoint: la presión crece cuando la interrupción es sostenida y legible.
5) Palanca material (economía/recursos) → la “ausencia” (no comprar/no trabajar) o el cierre se registra en números.
– Checkpoint: si no se registra en ninguna métrica (presupuesto, calendario, contratos), la palanca es débil.
La huelga ‘ICE Out’ y sus demandas
La huelga nacional “ICE Out” llama a un apagón económico y social —“no trabajo, no escuela, no compras”— y se articula como respuesta a la intensificación de operativos y a hechos recientes de violencia mortal asociados a la aplicación federal.
Según el marco descrito en la convocatoria, decenas de miles de personas participan en un paro y en manifestaciones masivas, con respaldo de sindicatos, organizaciones comunitarias y negocios locales que cierran o realizan acciones de solidaridad. El objetivo es presionar por el fin de la financiación de ICE y exigir rendición de cuentas por las acciones de agentes federales.
En ese contexto, el apoyo empresarial o institucional adquiere un significado distinto cuando implica sacrificio económico real: cerrar, cancelar, reprogramar, redirigir recursos. Es ahí donde la solidaridad deja de ser un mensaje y se convierte en una decisión.
Acciones clave de ICE Out
Qué plantea “ICE Out” (según el marco descrito en la convocatoria) y qué implica en la práctica:
– [ ] “No trabajo”: paro/ausencia laboral como presión económica.
– [ ] “No escuela”: suspensión de asistencia como señal colectiva de interrupción.
– [ ] “No compras”: apagón de consumo para que la presión se registre en ingresos.
– [ ] Cierres y acciones de solidaridad de negocios e instituciones (cuando hay costo real).
– [ ] Movilización pública: manifestaciones masivas para visibilizar la violencia administrativa.
– [ ] Objetivos políticos declarados: presionar por el fin de la financiación de ICE y exigir rendición de cuentas.
Lectura rápida: cuanto más se parezca a “seguir igual pero con un post”, menos se parece a una huelga.
Las galerías de arte y su papel en la lucha por la justicia social
La importancia de la solidaridad en el arte
Para que el respaldo de las galerías a “ICE Out” no quede en una estética de la empatía, la solidaridad debe traducirse en medidas observables: tiempo, dinero, protección y poder de decisión moviéndose hacia artistas inmigrantes y comunidades vulnerables.
En términos prácticos, eso puede significar cambios que se noten en la operación: acelerar pagos a artistas, ajustar comisiones, reorientar gastos de ferias hacia apoyo legal, habilitar espacios para clínicas de “conoce tus derechos” o crear fondos de emergencia para trabajadores culturales indocumentados. La clave es que exista un costo y un compromiso que sobreviva al ciclo de noticias.
Desafíos y oportunidades en el contexto actual
El desafío para el sector es estructural: el mundo del arte es especialmente hábil en absorber la crítica como imagen, colgar la disidencia en la pared y mantener intacto el contrato en la trastienda. La oportunidad, en cambio, es clara: si las galerías quieren ser aliadas de quienes viven la interrupción más dura —detención, deportación, separación familiar—, deben aceptar una interrupción proporcional en su propia comodidad institucional.
La pregunta que queda tras la huelga no es quién publicó el mejor comunicado, sino quién estuvo dispuesto a dejar huella en su contabilidad, su calendario y su forma de repartir recursos. Ahí empieza la solidaridad que importa.
Decisiones con costos reales
Decisiones con fricción: qué se gana y qué se sacrifica (para que “solidaridad” no sea solo estética)
– Cerrar o reprogramar eventos
– Se gana: coherencia con el paro; visibilidad de costo real.
– Se sacrifica: ventas del día, cobertura social, relación con ciertos coleccionistas.
– Pagar antes y más rápido a artistas
– Se gana: protección material inmediata; redistribución de riesgo financiero.
– Se sacrifica: liquidez de la galería; necesidad de renegociar flujos de caja.
– Reducir comisión o ajustar contratos temporalmente
– Se gana: señal clara de redistribución; alivio directo para artistas.
– Se sacrifica: margen; posibles tensiones internas sobre “precedentes”.
– Redirigir presupuesto (ferias/producción/hospitalidad) a apoyo legal o fondos de emergencia
– Se gana: impacto material; la solidaridad “aparece” en el ledger.
– Se sacrifica: presencia en ferias, networking, posicionamiento de mercado.
Regla práctica: si la decisión no implica renunciar a nada (dinero, tiempo, comodidad o control), probablemente no introdujo fricción.
Este enfoque se enmarca en el tipo de debates que seguimos en el blog del Museo Soumaya sobre el papel de las instituciones culturales: cómo el lenguaje de la solidaridad se traduce —o no— en decisiones concretas dentro del ecosistema del arte.
