Robert Wiesenberger, nuevo curador de arte contemporáneo en Brooklyn Museum

Nombramiento en el Brooklyn Museum

  • El Brooklyn Museum nombró a Robert Wiesenberger como senior curator of contemporary art (curador senior de arte contemporáneo).

Nombramiento de Robert Wiesenberger como curador senior

El Brooklyn Museum confirmó el nombramiento de Robert Wiesenberger como su nuevo John and Barbara Vogelstein Senior Curator of Contemporary Art, una de las posiciones más influyentes dentro del departamento de arte moderno y contemporáneo de la institución. La noticia, difundida en el circuito de prensa cultural, llega en un momento en que los museos estadounidenses recalibran prioridades: desde cómo se construyen las colecciones hasta qué tipo de exposiciones se consideran “necesarias” para dialogar con públicos diversos y con escenas artísticas locales cada vez más activas.

El anuncio tiene un peso adicional por el contexto inmediato: el cargo llevaba tiempo sin titular, y su cobertura no es un trámite administrativo sino una decisión estratégica. En la práctica, el curador senior de arte contemporáneo no solo organiza exposiciones; también ayuda a definir qué voces entran en el relato institucional, qué obras se adquieren y cómo se conectan las galerías con la ciudad que rodea al museo.

Wiesenberger llega al puesto desde el Clark Art Institute, en Williamstown, Massachusetts, donde se desempeñó como curator of contemporary projects. Ese perfil —centrado en proyectos contemporáneos dentro de una institución con fuerte tradición histórica— suele exigir una combinación particular de habilidades: capacidad de investigación, lectura de tendencias, trabajo directo con artistas y negociación interna para abrir espacio a nuevas narrativas.

En un correo citado por ARTnews, Wiesenberger enmarcó su llegada en términos personales y de comunidad. Recordó que solía visitar el Brooklyn Museum con frecuencia para dibujar en las galerías y subrayó el potencial del entorno creativo del distrito: “Decir que Brooklyn está lleno de artistas increíbles es quedarse corto. Tengo ganas de conocerlos mejor y hacer que el museo se sienta como un hogar para ellos”. La frase, más allá de su tono afectivo, apunta a una idea central en la museología contemporánea: el museo como plataforma de pertenencia, no solo como vitrina.

La designación también se lee como un movimiento de continuidad con la identidad pública del Brooklyn Museum, conocido por su énfasis en diversidad, inclusión e innovación. En ese marco, el nuevo curador senior llega con credenciales académicas y experiencia institucional, pero también con una declaración de intenciones: acercar el museo a la comunidad artística que lo rodea y reforzar su papel como nodo cultural en Brooklyn.

Vacante del puesto de curador de arte contemporáneo

El puesto que ahora ocupa Robert Wiesenberger estaba vacante desde 2023, cuando se produjo la salida de Eugenie Tsai. En museos de gran escala, una vacante prolongada en una curaduría “top” no es un detalle menor: suele traducirse en decisiones postergadas sobre adquisiciones, en calendarios de exposiciones que deben reacomodarse y en una carga adicional para el resto del equipo curatorial, que debe sostener la programación sin una figura con autoridad plena sobre el área.

La ausencia de un curador senior de arte contemporáneo también puede afectar la manera en que el museo se posiciona frente a su propio ecosistema. El arte contemporáneo, por definición, se mueve rápido: artistas emergentes consolidan carreras en pocos años; debates estéticos y políticos cambian de tono con cada coyuntura; y las instituciones compiten —no solo entre sí, sino con bienales, ferias, residencias y espacios independientes— por ofrecer lecturas relevantes del presente. En ese contexto, un liderazgo curatorial estable es clave para mantener una línea de trabajo coherente.

La vacante se vuelve aún más significativa si se considera que el Brooklyn Museum cuenta con una historia larga de apoyo al arte contemporáneo. Su colección de arte contemporáneo, establecida en 1934, se enfoca en obras creadas desde 1945 hasta el presente. Esa amplitud temporal obliga a tomar decisiones finas: qué se entiende por “contemporáneo” en cada década, cómo se conectan prácticas artísticas con cambios sociales, y qué artistas se incorporan para que la colección no quede congelada en un canon.

Durante el periodo sin titular en el puesto, el museo no dejó de operar ni de exhibir arte contemporáneo, pero la figura del curador senior cumple una función de dirección: marca prioridades, articula equipos, y sostiene relaciones con artistas, galerías, donantes y comités internos. En instituciones con colecciones activas, la continuidad en adquisiciones y la planificación de exposiciones suelen depender de esa coordinación.

La llegada de Wiesenberger, por tanto, no solo “cubre” una plaza. Cierra un ciclo de interinidad y abre la posibilidad de retomar con mayor fuerza decisiones estructurales: desde la expansión de la colección hasta el diseño de exposiciones que dialoguen con públicos locales y con debates globales. En un museo ubicado en Prospect Heights, en un distrito con una densidad artística notable, la vacante no era un vacío abstracto: era un espacio de influencia pendiente de reactivación.

Trayectoria profesional de Robert Wiesenberger

La trayectoria de Robert Wiesenberger combina experiencia curatorial en instituciones de referencia con una formación académica sólida. Antes de su llegada al Brooklyn Museum, trabajó en el Clark Art Institute como curador de proyectos contemporáneos y, previamente, fue curatorial fellow en los Harvard Art Museums. Ese recorrido —de un fellowship formativo a un rol de curaduría con responsabilidad de programación— suele ser indicativo de una carrera construida entre investigación, producción de exposiciones y trabajo directo con artistas.

En el Clark, Wiesenberger organizó exposiciones consideradas hitos para artistas emergentes y de media carrera. Entre los nombres asociados a su trabajo se mencionan Yuji Agematsu, Eddie Rodolfo Aparicio, Tauba Auerbach y Kandis Williams, y se destaca que, en varios casos, se trató de primeras exposiciones individuales institucionales para esos artistas. Ese dato es relevante porque una primera individual en una institución puede marcar un punto de inflexión: consolida visibilidad, genera bibliografía y sitúa la obra en un marco crítico más amplio.

Su perfil también incluye credenciales académicas: cuenta con PhD y MA en Historia del Arte por Columbia University. Además, participó en programas especializados como el Center for Curatorial Leadership Mellon Foundation Seminar y el Getty Summer Institute on Digital Art History. En el contexto actual, donde los museos integran cada vez más herramientas digitales en investigación, archivo y mediación, la formación en historia del arte digital puede ser un activo para pensar exposiciones, publicaciones y acceso a colecciones.

El paso al Brooklyn Museum lo coloca en una institución con una colección contemporánea amplia y con una misión pública que enfatiza diversidad, equidad, inclusión y acceso. En términos de oficio, su experiencia previa sugiere familiaridad con dos frentes que suelen tensarse: por un lado, la exigencia de rigor académico y, por otro, la necesidad de producir exposiciones que conecten con públicos amplios y con comunidades artísticas vivas.

A esto se suma un elemento de tono y enfoque: en su mensaje citado por ARTnews, Wiesenberger no habló primero de “programación” o “adquisiciones”, sino de relación con el museo y con los artistas de Brooklyn. Esa elección de palabras encaja con una curaduría contemporánea que busca ser menos vertical y más relacional: no solo seleccionar obras, sino construir condiciones para que artistas y comunidades se reconozcan dentro del museo.

Experiencia en el Clark Art Institute

En el Clark Art Institute (Williamstown, Massachusetts), Robert Wiesenberger ocupó el cargo de curator of contemporary projects, una posición que, por su propia definición, suele estar orientada a activar el presente dentro de una institución con fuerte peso histórico. Desde ese rol, organizó exposiciones que pusieron el foco en artistas emergentes y de media carrera, y que en varios casos representaron primeras exposiciones individuales institucionales.

Entre los artistas vinculados a su programación se mencionan Yuji Agematsu, Eddie Rodolfo Aparicio, Tauba Auerbach y Kandis Williams. La lista sugiere un interés por prácticas contemporáneas diversas, y por proyectos capaces de sostenerse en un marco institucional exigente. En museos y centros de arte, apostar por primeras individuales institucionales implica asumir riesgos: no se trata de nombres ya “cerrados” por el mercado o por la historia del arte, sino de trayectorias en desarrollo que requieren acompañamiento curatorial, producción cuidadosa y una lectura crítica que ayude a situarlas.

Ese tipo de trabajo también demanda habilidades de gestión: coordinar montaje, conservación, publicaciones y programas públicos, además de dialogar con artistas en procesos que pueden ser experimentales o técnicamente complejos. Aunque los detalles de cada exposición no se enumeran aquí, el hecho de que se subraye el carácter “milestone” (hito) de esas muestras apunta a un desempeño reconocido dentro del ecosistema institucional.

La experiencia en el Clark es especialmente pertinente para su nuevo cargo en Brooklyn por una razón simple: el Brooklyn Museum no solo exhibe arte contemporáneo, también construye relato y colección. Un curador acostumbrado a desarrollar proyectos con artistas vivos —y a convertirlos en exposiciones institucionales con peso— llega con herramientas para activar la programación y, potencialmente, para identificar obras y prácticas que merezcan incorporarse a una colección pública.

Además, el tránsito desde una institución en Massachusetts hacia un museo en Nueva York implica un cambio de escala y de contexto: Brooklyn es un territorio con una escena artística intensa y con públicos diversos. La experiencia de Wiesenberger en proyectos contemporáneos, sumada a su interés declarado por conectar con artistas locales, sugiere una continuidad: trabajar con el presente, pero ahora en un entorno donde el “presente” está literalmente a pocas calles del museo.

Fellow curatorial en Harvard Art Museums

Antes de su etapa en el Clark Art Institute, Robert Wiesenberger fue curatorial fellow en los Harvard Art Museums. En el mundo de los museos, un fellowship curatorial suele funcionar como un laboratorio profesional: permite participar en investigación de colecciones, apoyar el desarrollo de exposiciones y familiarizarse con estándares institucionales de catalogación, conservación y publicación.

Aunque no se detallan proyectos específicos de ese periodo, el hecho de haber pasado por Harvard aporta una señal clara de formación en un entorno de alta exigencia académica. Los museos universitarios suelen operar en la intersección entre investigación y acceso público: trabajan con colecciones y exposiciones, pero también con comunidades académicas, estudiantes y programas educativos. Esa combinación puede influir en el estilo curatorial: más atención al contexto histórico, a la bibliografía y a la construcción de marcos interpretativos.

Esa experiencia se complementa con su formación en Columbia University, donde obtuvo MA y PhD en Historia del Arte. En conjunto, fellowship y doctorado sugieren un perfil que no separa la curaduría de la investigación, algo especialmente relevante para un cargo senior que, según descripciones del propio sector, suele incluir responsabilidades como producir investigación avanzada para exposiciones, publicaciones y adquisiciones.

Además, Wiesenberger participó en programas como el Center for Curatorial Leadership Mellon Foundation Seminar y el Getty Summer Institute on Digital Art History. En un museo contemporáneo, la dimensión digital no es un accesorio: atraviesa desde la investigación de procedencias y archivos hasta la mediación con públicos y la documentación de obras. Haber pasado por un instituto centrado en historia del arte digital sugiere familiaridad con herramientas y enfoques que pueden fortalecer la accesibilidad y la interpretación de colecciones contemporáneas.

En suma, el fellowship en Harvard aparece como una pieza formativa clave dentro de una trayectoria que combina academia, práctica curatorial y proyectos contemporáneos. Para el Brooklyn Museum, que busca sostener una programación relevante y una colección viva, ese tipo de base puede traducirse en exposiciones con rigor y en decisiones de colección mejor contextualizadas.

Importancia del rol de curador senior en el Brooklyn Museum

El cargo de Senior Curator of Contemporary Art en el Brooklyn Museum es una posición de alto impacto porque influye directamente en tres frentes que definen la vida de un museo: colección, exposiciones y relación con comunidades. En términos prácticos, el curador senior participa en la expansión de la colección contemporánea mediante adquisiciones de obras consideradas de calidad y relevancia cultural; organiza exposiciones que pueden desafiar narrativas establecidas; y colabora con otros departamentos —conservación, educación, programas públicos— para que el arte no se quede en la sala, sino que se traduzca en experiencias y conversaciones.

En descripciones del propio sector museístico, este rol incluye responsabilidades como: ampliar la colección con obras de importancia cultural; organizar exposiciones innovadoras; colaborar de forma transversal con equipos internos; realizar investigación avanzada para sustentar exposiciones, publicaciones y adquisiciones; y mentorizar a asistentes e internos. También se espera que la persona en el cargo tenga experiencia curatorial sostenida (se menciona un rango de siete a diez años como referencia en convocatorias del puesto) y un historial robusto de exposiciones y publicaciones.

En el caso del Brooklyn Museum, la importancia del puesto se amplifica por la historia y el alcance de su colección contemporánea. La colección incluye artistas como Kehinde Wiley, Kara Walker y Alma Thomas, cuyas obras dialogan con cuestiones políticas y sociales. En un museo con ese tipo de acervo, el curador senior no solo “elige” obras: ayuda a decidir cómo se interpretan, qué conexiones se trazan entre generaciones y cómo se presenta el arte contemporáneo como parte de una historia más amplia.

El rol también se entiende dentro de una misión institucional que enfatiza diversidad, equidad, inclusión y acceso (DEIA). En la práctica, eso implica pensar exposiciones y adquisiciones que amplíen el campo de representación, que cuestionen jerarquías heredadas y que conecten con públicos que históricamente han sido marginados por los relatos museísticos tradicionales.

Además, el curador senior actúa como figura de liderazgo: representa el programa curatorial ante públicos, artistas, donantes y comités internos; sostiene relaciones con la comunidad artística; y contribuye a la reputación del museo en el ecosistema cultural. En una ciudad como Nueva York —y en un distrito como Brooklyn— esa función es especialmente visible: el museo no opera aislado, sino en diálogo constante con artistas, espacios independientes y debates públicos.

Por eso, el nombramiento de Wiesenberger no es solo una noticia de personal. Es una decisión que puede orientar el tipo de arte contemporáneo que el Brooklyn Museum colecciona, exhibe y pone en conversación con su comunidad.

Iniciativas de arte contemporáneo en el Brooklyn Museum

El Brooklyn Museum sostiene una relación histórica con el arte contemporáneo que se refleja tanto en su colección como en su programación reciente. Su colección de arte contemporáneo, establecida en 1934, se centra en obras creadas desde 1945 hasta el presente, un arco temporal que obliga al museo a actualizar continuamente sus lecturas del “ahora” y a revisar cómo se conectan las prácticas contemporáneas con historias más largas de modernidad, política y cultura visual.

Dentro de esa colección se incluyen artistas como Kehinde Wiley, Kara Walker y Alma Thomas, cuyas obras suelen leerse en relación con debates sociales y políticos. La presencia de estos nombres sugiere una línea de interés institucional por prácticas que no se limitan a la experimentación formal, sino que también dialogan con historia, identidad y poder.

En años recientes, el museo incorporó una adquisición significativa: una colección rara de 44 obras vinculadas al Black Arts Movement. Sin detallar aquí cada pieza, el dato apunta a una estrategia de colección que busca fortalecer narrativas específicas dentro del arte estadounidense y ampliar el registro institucional de movimientos culturales con impacto histórico.

En el plano expositivo, el Brooklyn Museum presentó Breaking the Mold: Brooklyn Museum at 200 (2025–2026), una muestra vinculada a su bicentenario que exhibe parte de sus fondos contemporáneos y subraya la diversidad de sus holdings. En un aniversario institucional, la elección de destacar el arte contemporáneo no es neutral: implica afirmar que el museo no solo mira al pasado, sino que se define también por su capacidad de leer el presente y de coleccionar para el futuro.

Otra dimensión clave de las iniciativas contemporáneas del museo es el compromiso con la comunidad. Se describe que el Brooklyn Museum colabora con artistas locales, grupos culturales y líderes comunitarios para co-crear exposiciones y programas que reflejen la diversidad de Brooklyn. Este enfoque sitúa al museo como un espacio de intercambio, donde la programación no se concibe únicamente desde dentro, sino en conversación con el entorno social y cultural.

En ese ecosistema, figuras curatoriales como Kimberli Gant, curadora de arte moderno y contemporáneo, también forman parte del paisaje institucional. Su práctica se ha distinguido por amplificar voces subrepresentadas y por enfocarse en artistas de la diáspora africana; entre sus exposiciones se menciona Black Orpheus: Jacob Lawrence & the Mbari Club (2022–2023), que exploró vínculos entre el pintor y contextos culturales nigerianos.

La llegada de un curador senior de arte contemporáneo se inserta, por tanto, en una infraestructura ya activa: colección, adquisiciones recientes, exposiciones conmemorativas y un énfasis en comunidad. El reto —y la oportunidad— es articular esas líneas en una visión coherente que mantenga al museo como un referente contemporáneo en una ciudad saturada de oferta cultural.

Art Movements: Resumen semanal del mundo del arte

Art Movements es una columna publicada cada jueves por la tarde que reúne noticias imprescindibles del mundo del arte: nombramientos, premios, transiciones profesionales y otros acontecimientos en un panorama descrito como caótico.

Nota de fuentes: este apartado resume lo reportado en Art Movements (Hyperallergic) y, cuando se cita una declaración de Robert Wiesenberger, se indica que proviene de una cita recogida por ARTnews. En esa lógica de “radar semanal”, el nombramiento de Robert Wiesenberger en el Brooklyn Museum aparece como una de las piezas centrales: no solo por tratarse de un museo de alto perfil, sino porque cubre un puesto clave que llevaba tiempo vacante.

El resumen destacó que el Brooklyn Museum “llenó” su principal puesto de curaduría contemporánea al nombrar a Wiesenberger como senior curator of contemporary art, tras la salida de Eugenie Tsai en 2023. También subrayó su procedencia: el Clark Art Institute, donde fue curador de proyectos contemporáneos, y su experiencia previa como curatorial fellow en los Harvard Art Museums. En un formato de noticias rápidas, esos elementos funcionan como credenciales esenciales: institución de origen, rol anterior y trayectoria formativa.

La misma entrega del resumen incluyó otros movimientos relevantes del sector museístico y del mercado del arte. Entre ellos, el nombramiento de Lisa Funderburke como directora ejecutiva y directora del Newark Museum of Art, tras su paso por la Artist Communities Alliance (asociación internacional de residencias artísticas). También se listaron transiciones como la designación de Alison Weaver como directora del Grey Art Museum en NYU; la promoción de Esther Bell como directora del Clark Art Institute; y el nombramiento de Patrick Elliott como curador de pintura moderna en la National Gallery de Londres.

En el ámbito de representación de artistas y estates, se mencionaron cambios como la representación del Estate of Peter Hujar por Ortuzar en colaboración con Fraenkel Gallery y la Peter Hujar Foundation, además de nuevas representaciones para artistas como Freya Douglas-Morris (Lehmann Maupin) y Phoebe Helander (PPOW). En paralelo, se registraron nombramientos en instituciones y programas, como el de Joe Hill como director de Yorkshire Sculpture Park en Inglaterra.

El resumen también incluyó premios y anuncios: Tarek Atoui recibió la 11ª comisión anual para la Turbine Hall de Tate Modern, y Sara Shamma fue anunciada como representante de Siria para la Bienal de Venecia 2026.

Finalmente, la columna incorporó un “wildcard” que ilustra el tono del formato: el caso de un estudiante de 19 años en la University of Alaska Fairbanks acusado de vandalismo tras comerse partes de una obra generada por IA en protesta por el uso de ChatGPT. Más allá de lo anecdótico, el episodio refleja cómo el debate sobre IA y autoría ya se filtra en conflictos performativos y mediáticos.

En conjunto, el lugar que ocupa el nombramiento de Wiesenberger en este tipo de resumen semanal lo sitúa como un movimiento institucional de primer orden dentro de una semana marcada por cambios de liderazgo, reacomodos de representación y discusiones culturales en ebullición.

El impacto de Robert Wiesenberger en el Brooklyn Museum

La llegada de Robert Wiesenberger al Brooklyn Museum como curador senior de arte contemporáneo se produce en un cruce de necesidades institucionales y expectativas públicas. Por un lado, el museo cubre una vacante que se arrastraba desde 2023; por otro, incorpora a un curador con experiencia reciente en proyectos contemporáneos y con una formación académica robusta. En el corto plazo, el impacto más visible será organizativo: un liderazgo claro para una de las áreas más dinámicas del museo, con capacidad de coordinar adquisiciones, exposiciones y trabajo transversal con otros departamentos.

Pero el impacto también puede ser simbólico. En su mensaje citado por ARTnews, Wiesenberger no se limitó a enumerar objetivos profesionales: habló de su vínculo personal con el museo y de su deseo de que los artistas de Brooklyn lo sientan como “hogar”. En una institución que se define por su compromiso con diversidad, inclusión e innovación, esa declaración sugiere una curaduría orientada a la cercanía con la escena local y a la construcción de pertenencia.

A nivel de colección, el puesto tiene influencia directa sobre cómo se expande el acervo contemporáneo, que abarca obras desde 1945 hasta hoy y que incluye artistas con fuerte carga social y política. En un museo que recientemente adquirió un conjunto de 44 obras relacionadas con el Black Arts Movement, la dirección curatorial puede ayudar a dar continuidad a líneas de investigación y a fortalecer narrativas que conecten historia cultural y presente.

El impacto, sin embargo, no se mide solo por lo que se exhibe o se compra, sino por cómo se articula el museo como espacio público. En un distrito con una densidad artística notable, el Brooklyn Museum compite y colabora a la vez con múltiples agentes culturales. Un curador senior con experiencia en impulsar primeras exposiciones institucionales puede contribuir a que el museo sea un lugar donde artistas en ascenso encuentren plataforma, y donde públicos diversos encuentren relatos que los incluyan.

Una nueva era para el arte contemporáneo en Brooklyn

Hablar de “nueva era” no implica prometer giros drásticos inmediatos, sino reconocer que el fin de una vacante prolongada permite reactivar decisiones de largo alcance. Con Wiesenberger, el Brooklyn Museum recupera una figura que puede imprimir dirección a la programación contemporánea y sostener una visión coherente en el tiempo, algo esencial para un área que se mueve entre urgencias del presente y responsabilidades patrimoniales.

Su experiencia en el Clark Art Institute —donde organizó exposiciones que fueron primeras individuales institucionales para varios artistas— sugiere una sensibilidad hacia el desarrollo de carreras y hacia la identificación de prácticas que todavía no están plenamente institucionalizadas. En Brooklyn, ese enfoque puede ser especialmente fértil: el distrito alberga una comunidad artística amplia, y el museo tiene la oportunidad de funcionar como puente entre esa producción local y una audiencia más extensa.

Además, su formación y participación en programas vinculados a liderazgo curatorial y a historia del arte digital apuntan a un perfil capaz de integrar investigación, exposición y acceso. En un museo que enfatiza DEIA, la “nueva era” podría expresarse menos como un cambio de estilo y más como una profundización de métodos: cómo se investiga, cómo se colabora y cómo se construyen relatos contemporáneos que no sean cerrados ni excluyentes.

En ese sentido, la era que se abre no depende solo de un nombre, sino de la capacidad del museo para articular su colección, su comunidad y su programación. El nombramiento crea las condiciones para hacerlo con mayor claridad.

Colaboraciones y exposiciones futuras

No se han detallado aún exposiciones específicas bajo la gestión de Wiesenberger en el Brooklyn Museum, pero su trayectoria ofrece pistas sobre el tipo de colaboraciones que podría priorizar. En el Clark, trabajó con artistas emergentes y de media carrera, y se destacó que varias exposiciones fueron primeras individuales institucionales. Trasladado a Brooklyn, ese antecedente sugiere una posible atención a artistas que necesitan —o buscan— un marco institucional para presentar proyectos ambiciosos.

También es razonable esperar un énfasis en colaboración interna: el rol de curador senior, según descripciones del puesto, implica trabajar con conservación, educación y programas públicos, además de producir investigación para publicaciones y adquisiciones. En un museo con iniciativas de co-creación con comunidades locales, las colaboraciones no se limitan a lo curatorial: pueden incluir alianzas con grupos culturales y líderes comunitarios para diseñar programas que acompañen exposiciones.

En cuanto a la relación con el ecosistema artístico de Brooklyn, Wiesenberger ya marcó una intención: conocer mejor a los artistas del distrito y hacer que el museo se sienta como un hogar para ellos. Esa frase apunta a colaboraciones que podrían tomar múltiples formas dentro de lo institucional: desde proyectos expositivos hasta programas públicos que acerquen procesos de trabajo, conversaciones y lecturas críticas a públicos diversos.

El futuro inmediato, en suma, se define más por una dirección que por un calendario anunciado. Pero el nombramiento restituye una pieza clave para que el Brooklyn Museum sostenga —con continuidad y liderazgo— su papel en el arte contemporáneo: coleccionar el presente, exhibirlo con rigor y abrirlo a la ciudad que lo produce.

Nota editorial: este texto se presenta como una síntesis informativa de noticias del mundo del arte publicadas por medios especializados (como Hyperallergic y ARTnews). Desde el blog del Museo Soumaya, el enfoque es contextualizar movimientos curatoriales y tendencias institucionales para lectores interesados en arte y cultura.

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